Independientemente del posicionamiento que cada uno tenga al respecto de las necesidades monárquicas, los hechos acontecido los últimos días, relacionados con la cacería de elefantes de nuestro Rey, han trascendido a los más altos niveles políticos.

Ayer, comentando el tema con dos compañeros, me di cuenta de que los monárquicos van a seguir defendiendo sus actuaciones y la importancia de su existencia, y los no monárquicos criticando sus errores y poniendo en entredicho la necesidad de un estamento como éste.

Pero, ¿y los indecisos?, ¿qué pasa con la gente que no está completamente posicionada y le dan motivos para empatizar con uno u otro lado?. De esto la clase política sabe mucho y por ello, hace ya muchos años, utilizan las mejores herramientas de Marketing para “ayudar a decidirse” a esa masa social característica.

Con el asunto del Rey, lo han vuelto a hacer. En Marketing, se dice, que la mejor salida a un error cometido y percibido como tal por el cliente es transmitir el perdón y ofrecer una recompensa a cambio. Con ello consigues que el “no posicionado a priori” se solidarice contigo por tu condición humana. Al día siguiente toda la prensa, de Izquierdas y de Derechas, honraba el perdón de Su Majestad. Unanimidad y fidelización de los indecisos mosqueados.

Ahora, seguimos practicando el deporte nacional de la crítica sobre el tema, pero en otro nivel menos trascendente. En cualquier caso algo se ha hecho bien, pues aún no habíamos visto a ningún representante de la autoridad en España pedir perdón, ni a Aznar, ni Zapatero, ni Camps, ni Urdangarín, etc. La duda es: ¿Por qué pidió perdón?

La segunda parte de la campaña de marketing continúa con la coherencia. Veremos si se cumple con la promesa: “no lo volveré a hacer”. ¿Qué no volverá a hacer, cazar o romperse la cadera?. El mensaje está incompleto.

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